La salud mental es el factor determinante de nuestro comportamiento; por lo tanto, es el aspecto que más tenemos que cuidar y mimar. Y para eso hay que saber elegir las batallas y, sobre todo, qué valor emocional asignarle a cada una, porque no es lo mismo discutir con un desconocido que con un familiar. Pero todavía más sencillo, cualquier problema que no tenga que ver con nuestra fuente de ingresos es un cero a la izquierda si lo valoramos objetivamente. Porque si nuestra economía se ve dañada, sí que tenemos una situación que resolver, dado que nuestra supervivencia o, por lo menos, nuestro modo de vida peligra. Con lo cual, es crucial actuar y, por ende, es lógico y normal sufrir cambios de humor y estados emocionales, estar tristes o enfadados.
Pero como vienen motivados por circunstancias importantes, nuestra salud mental no se daña porque es un proceso natural y, simultáneamente, necesario para buscar cómo resolver la situación, ya que, si no hubiera la emergencia, no tendríamos la necesidad de actuar. Ahora, cuando nos alteramos por situaciones que no son cruciales para nuestro bienestar, es cuando enfermamos mentalmente porque no tienen sentido alguno y además, tampoco requieren de un gasto energético. Estamos desperdiciando nuestro tiempo y paralelamente, también gastando la energía tontamente porque no nos aporta ningún beneficio. En todo caso, sucede justo lo contrario; solo aporta malestar mental y, lamentablemente, este influye en el resto del organismo, provocando el envejecimiento prematuro, dolores de cabeza, taquicardias, problemas respiratorios, insomnio e incluso un aumento de la agresividad.
Después y para dejarlo todavía más claro: frente a cualquier problema que tangamos, – ¿qué sucede si repente tenemos un accidente y tememos por nuestra vida? – ¿No lo dejamos todo de lado para centrarnos únicamente en nosotros mismos para así mejorar antes y posteriormente, nos damos cuenta de la suerte que tenemos por haberlo superado? – ¿No pensamos en cómo habría afectado esto a nuestra fuente de ingresos y cómo sería nuestra vida? – Entonces, viendo que las respuestas son afirmativas, – ¿para qué pasar por una situación de vida o muerte para darnos cuenta de que hay batallas que no merecen un gasto energético? – Estas se resuelven con la indiferencia o aceptando el resultado sin más, porque realmente, sólo nos afectará el ego, pero si tenemos una buena autoestima, en cuanto lo asimilamos, desaparece y todo vuelve a su estado anterior.
En definitiva, que no hay que perder la salud mental por nada del mundo porque sin ella, estamos perdidos, vamos sin rumbo. Entonces, a pesar de tener dinero y tiempo para gastarlo, nos sentiremos vacíos o desolados porque no tendremos la capacidad para apreciarlo. Con esto quiero decir que cualquier situación conflictiva que no implique el factor económico es subjetiva y, en consecuencia, puede resolverse cambiando nuestra perspectiva sobre los hechos o incluso interpretando la realidad de manera diferente.
Por: Omar el Bachiri
Psicólogo clínico y escritor

