Es un hecho bastante común: darse cuenta de que hemos perdido algo, persona o situación privilegiada cuando ya no la tenemos. Es muy triste arrepentirse de haber dejado o perdido un trabajo, un ser querido, un estatus social, un lugar de residencia, etc. por el simple hecho de no haberlo valorado bastante cuando lo teníamos. Pero claro, esto es imposible de hacer si no nos autovaloramos primero, si no nos asignamos un valor determinado para así, poder interactuar socialmente sin depender de la valoración externa. De la opinión de la pareja sentimental, familiares, amigos, compañeros de trabajo, etc. Así pues, una vez conocemos nuestro valor, somos más realistas con los objetivos que queremos conseguir: estar con alguien en concreto, un círculo social específico, tener cierto vehículo, un trabajo determinado, etc.
Esto es así porque conociéndonos, sabemos cómo trabajar nuestras debilidades y paralelamente, también potenciar nuestras virtudes, dando como resultado, un umbral más elevado a la frustración porque hay que decir, que este proceso lleva su tiempo y se consigue a base de equivocarse y rectificar. Igualmente, conociéndonos mejor, tenemos más claro qué buscamos y por consiguiente, también, qué no queremos de la otra parte, alejándonos así de los dolores de cabeza. Pongamos por ejemplo que tenemos un trabajo que nos satisface personalmente, nos ganamos bien la vida y el ambiente laboral no está mal, pero pasados unos años, ya no nos gusta tanto y no es que estemos desmotivados, sino, que ya no vamos a trabajar tan ilusionados. Entonces, vemos una oferta laboral interesante y decidimos cogerla, pero pasados unos meses nos arrepentimos de la decisión tomada porque nos damos cuenta de que no estábamos tan mal en el trabajo anterior, echamos de menos su ambiente laboral o sus condiciones sociales o económicas.
Hemos actuado movidos por las emociones, sin pararnos a pensar que muchas veces el malestar no proviene del trabajo, sino, de haber olvidado el motivo principal de por qué la tenemos: ¿es económico, satisfacción personal, estatus social, comodidad, etc.? Esto, por un lado, y por el otro, está el hecho de no disfrutar de los beneficios buscados, es decir: si buscábamos el sueldo, el horario, el buen ambiente laboral, su proximidad a nuestra casa, etc. Entonces, el no haber aprovechado de ellos provoca que ahora que no los tenemos, los añoremos. Igual que con la expareja sentimental, los antiguos amigos, los ambientes que frecuentábamos, etc. si en su momento no los hemos disfrutado, ahora que los tenemos o no podemos acceder ellos, es cuando los echamos de menos.
Con esto quiero decir, que cuando tengamos las cosas o estemos con las personas que deseamos, tenemos que disfrutarlas porque la inversión económica o emocional tiene que dar sus frutos. No tiene sentido haber destinado dinero o tiempo en conseguir nuestros propósitos y ahora que los tenemos, perder el interés porque, no hacerlo es la causa principal de su añoranza una vez los perdemos. Es decir, si los estamos disfrutando, pero con el tiempo se rompen o se pierden, la sensación de malestar no será tan acentuada porque nos quedaremos con las sensaciones positivas de haber interactuado con ellos.
Por: Omar el Bachiri
Psicólogo clínico y escritor

